Día de los derechos humanos

Hoy no tengo por qué hablar
se han gastado las palabras
han ido de un lado a otro
y del otro al uno. Ensangrentadas
se retuercen de boca en boca
del derecho y del revés
sabiendo y sin saber porqué
motivo a motivo
excusa a excusa
el hecho perdura
de rojo se tiñe la muerte
y de sangre la vida

 

Libertad, justicia y paz siguen sin ser vinculantes para la mayoría de quienes habitan este mundo. Ni siquiera la otra mejilla nos redime. ¿Hasta cuándo?

Injusta mesa

Duele el dolor y duele el alma
a la fría puerta
cristal de tu muerte y la mía

No necesita la razón conocimiento alguno
ni experiencia para sentir locura
a corazón arrebatado: tu cuerpo y el mío

Quién pudiera servido a mesa puesta
tener hartas agallas para réprobo saberte
con la muerte dejarte sin viático ni consuelo

No al alma desalentada
No al juicio sin condena
No al botín infausto
No al silencio del cordero
No a tu muerte y la mía

Cuando a visitarme vienes

Cuando a visitarme vienes
de mañana temprana
tanto olvido te llevas
…apenas creo en el espejo

Como correr las baldosas
al filo la tierra rodada
de pan, leche, frutas de al lado
entre estiércol y alpaca saltando

Como doblar las esquinas
al encuentro de ráfagas gentiles
a resistir retando imposibles
cruzando rayas, llanas venturas

Como perseguir la sombra
entre algarrobos y almendros
cargado en tolmos el paso
al sabor de las correhuelas

Como esgrimir contra ejércitos
delgados, secos y punzantes
a la conquista de honores
encaramados a la frente y el pecho

Como rodar lomas abajo
con la condena en la mirada
el valor en el corazón
la conciencia abandonada

Como la primera espera
de ti colmada, por ti, para ti
sueño de ayer y de mañana
conquista sin escudo ni rocín

Cuando a visitarme vienes
de mañana temprano
acogedora certeza me dejas
entre siempres cayados

Voces cotidianas

Tantas voces nos alcanzan
en lo cotidiano
Las de ayer
con su rémora diaria
insurgente y aferrada
Las de hoy
solitarias en rebeldía
a la búsqueda de aliento
Las de mañana
en el supuesto de supuestos ancladas
arrebatando instantes

Tantas voces nos alcanzan
en lo cotidiano
Las que gustamos de oír
frente al espejo, solos
con la mirada distante
Las que quieren ser oídas
musitando inoportunas
su inalterable certeza
Las que no dan opciones
aporreando todo desgañitadas
en su empeño severo

Tantas voces nos alcanzan
en lo cotidiano
que hasta el prólogo de los muertos
se nos pasa desapercibido

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