Luna creciente sin estrella cabalga

Luna creciente sin estrella cabalga

De sangre derramada noche tras noche llena

Hiela el semblante y el alma hiela, el plomo

Invocador de cruces de roja sangre roja

Muera el vuelo cantor de la palabra y el verso

Que redoblen las campanas a salvo, pastoras

Que usurpan

A injerto huele de cordero muerto

Que por su nombre siega la mano y la golpea

Cerrados los ojos y apretados los dientes se enciende

La llama de la muerte

Arrasa campos y cunetas

Alimenta muros encalados

Zanjas de pico y pala

Se riegan las calles de blanco sobre blanco y pana

 

Luna creciente sin estrella cabalga

De sangre derramada noche tras noche llena

Dejad crecer al niño que la yunta le llama, dejadle

Traspasar el llanto por los suyos, todos

Hijos de la tierra y la libertad, de la voz

Dejad que el sudor riegue usurpada el alma

 

 

Al tiempo

Piensa el tiempo
que sin darnos cuenta pasa

quiso aprender
sobre la vida y la muerte
el destello de un nacimiento
el final de un latido
la prórroga de los afortunados

quiso saber
y no supo
por qué nos abandonamos
a una guerra inútil
entre su vida y la nuestra

A la misma hora

He querido llegar primero
y, como siempre, te me adelantas
alargado y terso tu cuello
enarbolas, triunfadora mirada,
el pendón de la victoria.

Permíteme seguir tu figura
siendo perdedor del instante
dejándome nombrar por tu boca
entre las leves alturas del firmamento

Acaso puedo pronunciar tu nombre
sin evocar aquel primer beso
recorriendo trémulo las entrañas

Acaso podría dejar tu lado,
el izquierdo, el que siempre me dieras
conformado a no trenzarte el sentido

Acaso no podría rendirme contigo
a cada soplo de tu risa, del llanto
de vida derramada sobre mis labios

Has de saber que hoy
sabedor de no poder vivir
me dejé ganar por tu muerte

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